La mayoría de los compradores dedican mucho tiempo a preocuparse por la producción.
¿La tela será la correcta?
¿El logotipo será correcto?
¿La entrega será puntual?
Esas son preguntas importantes.
Pero, curiosamente, rara vez son los problemas que generan más dificultades posteriormente.
Una empresa realiza un pedido.
La producción ha finalizado.
Llegan los uniformes.
Todo se ve bien.
Proyecto finalizado.
Al menos eso es lo que todos esperan.
Unas semanas después, las cosas empiezan a cambiar.
Se incorpora un nuevo empleado.
Alguien cambia de departamento.
Algunas personas necesitan tallas diferentes.
Un equipo necesita uniformes adicionales de repente.
Ahora empiezan las preguntas.
"¿Todavía conservamos los registros de tallas?"
"¿Podemos volver a pedir el mismo modelo?"
Los mayores desafíos suelen aparecer antes de que comience la producción o después de que finalice la entrega.
No durante la producción en sí.
Porque los uniformes no son solo prendas de vestir.
Están ligados a personas.
Y la gente cambia.
Los equipos crecen.
Las plantillas cambian.
Los departamentos se adaptan.
Muchas empresas se centran en realizar el pedido.
Menos personas piensan en cómo gestionar lo que sucede después de realizar el pedido.
Cuanto mayor sea la plantilla, más importante será esa diferencia.
La producción fabrica uniformes.
La dirección se encarga de que los programas uniformes funcionen sin problemas.